Precio del aceite de oliva

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Cuando hablamos del precio del aceite de oliva nos enfrentamos a una de las grandes confusiones contemporáneas, la que proviene de la identificación del precio de las cosas con su valor. Por eso, para poder valorar adecuadamente el precio del aceite de oliva es necesario hacer algunas reflexiones previas.

Precio del aceite de oliva

La primera es que, evidentemente, el precio del aceite de oliva varia en los distintos países. Quien esto escribe, nació y ha vivido casi siempre en España, el principal productor mundial de aceite de oliva. España es un país donde el cultivo del olivar es parte esencial del paisaje de muchas regiones de clima favorable, todas aquellas cercanas a la rivera mediterránea pero también en algunas zonas del interior, llegándose a cultivar hasta más de 250 variedades de aceitunas diferentes. Para quienes nacimos en este país, el aceite de oliva es, desde hace mucho tiempo, uno de los alimentos básicos de la cocina en la mayor parte de los hogares, restaurantes y bares.

Este comentario puede parecer una obviedad pero es fundamental para diferenciar precio y valor, como iremos viendo. Vaya por delante ahora que, mientras que en España, es posible encontrar aceites de oliva virgen extra desde poco más de 2 euros una visita a Nueva York, por ejemplo, permite comprobar que el precio del mismo aceite, en las tiendas de esta ciudad, puede rondar los 10 euros (con etiqueta italiana, eso sí). Ahí lo dejamos, de momento.

Por otra parte, situando el valor del aceite de oliva en una esfera diferente a la de su precio, hay que tener en cuenta que el aceite de oliva virgen extra es, en realidad, zumo de aceituna. Es un aceite obtenido, a partir de las olivas, utilizando procedimientos mecánicos y en frío, sin calor, y sin disolventes. Es, por tanto, puro zumo de aceituna.

Teniendo en cuenta la gran cantidad de aceitunas necesarias para obtener un solo litro de aceite, debemos tener claro que estamos ante un alimento que es una joya. No solo una joya culinaria, con esa maravillosa variedad de sabores, olores, texturas, sino que, con el paso de los años, multitud de estudios científicos han venido destacando el extraordinario papel que el aceite de oliva virgen extra juega en nuestra salud. No parece exagerado, a la luz de todas estas investigaciones, afirmar que el consumo regular, diario, de aceite de oliva es una de las mejores alternativas posibles, en el mundo entero, como grasa cotidiana. Por tanto, el aceite de oliva virgen extra no solo es una maravilla sensorial sino también un alimento de primer orden, a la altura de frutas, verduras, cereales integrales o legumbres, por indicar algunos de los alimentos de consumo cotidiano. Los beneficios del consumo regular de aceite de oliva virgen extra los he ido detallando en este otro artículo: beneficios del aceite de oliva.

Sobre los matices que el aceite de oliva otorga a los alimentos con los que se consume se podrían escribir poemas y podríamos dejar la verborrea volar. Todas aquellas personas que hemos tenido la fortuna de consumir aceite de oliva de forma regular sabemos de lo que hablamos. El plato más soso cobra una vida inusitada bajo un buen chorro de aceite de oliva (virgen extra, siempre virgen extra).

No puede faltar, aquí, la reflexión que todas las amas de casa del mundo entero realizan de forma automática en su cabeza, convertidas en expertas gestoras del hogar: un litro de aceite de oliva le puede durar, a una persona que lo consuma abundantemente en crudo, todos los días, más de medio mes. Claro, si utilizamos el aceite de oliva en frituras (teniendo en cuenta que el aceite de oliva virgen extra es una de las grasas más estables y, por tanto, mejores para hacer frituras) estas cuentas ya no son realistas puesto que en una fritura se puede llegar a gastar mucho aceite, aunque se pueda reutilizar. Es importante indicar aquí que las frituras no son una buena forma de cocinado de los alimentos si lo que buscamos es contribuir a nuestra salud a través de la alimentación. Pero no es lugar este de profundizar en ello. Lo que me parecía importante señalar es que un litro de aceite de oliva virgen extra puede llegar a durar más de 15 días, cosumiéndolo en crudo sin ninguna restricción.

Resumiendo lo anterior, nos encontramos con que el aceite de oliva virgen extra, zumo de aceituna, es un alimento de un extraordinario valor, tanto culinario como para nuestra salud y que, dado que las grasas no son algo de lo que se deba abusar, un litro da mucho de sí. Es aquí cuando podemos, y debemos, recordar que en muchos paises del mundo, en casi todos, el precio del aceite de oliva se acerca un poco a su valor real (comparando con el resto de cosas en venta). Sin embargo, en España, el precio del aceite de oliva virgen extra es ridículo. Es un precio ridículo para un alimento de esta calidad y dado los costos asociados a su producción.

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Ante esto, no se me rasga ninguna vestidura al decir esto: si vivís en España, por favor, sed conscientes de que tenéis la suerte de tener un alimento maravilloso a vuestra disposición a un precio casi regalado. No quiero ni imaginar la cantidad de comida precocinada, con solo una o dos raciones, ofertada en los supermercados y cuyo precio está bastante por encima del de un litro de aceite de oliva virgen extra. El mundo al revés.

Fuera de España es probable que la relación precio-valor cambie sustancialmente y que, en muchos paises, el aceite de oliva virgen extra sea casi un lujo. Pero no en España, aquí prácticamente cualquier persona, por bajos que sean sus ingresos, puede acceder al aceite de oliva virgen extra. Que esta increíble oportunidad no nos pase desapercibida.

Sin embargo, no es honesto acabar esta exposición sobre el precio del aceite de oliva sin indagar, aunque sea superficialmente, puesto que no conozco lo suficiente, en por qué los precios del aceite de oliva virgen extra son tan bajos, casi ridículos, en España. Por lo que podido ir descubriendo, mucho tiene que ver en esto el papel de las grandes distribuidoras de aceite de oliva, que, según parece, pretenden ahogar a los productores cooperativistas tradicionales mediante el hundimiento de precios por debajo de su coste de producción. Sea así o no, hoy en día ya no es necesario insistir mucho en la capital importancia de apoyar la producción local de alimentos, más aún si son ecológicos. Gracias a internet esto ya no es una quimera, en la web se pueden encontrar multitud de plataformas que permiten comprar directamente el aceite de oliva virgen extra a los propios productores, a un precio ligeramente superior al de los supermercados pero, perdónenme por repetirme, a un precio muy por debajo de su valor. Actualmente, los ciudadanos, robado nuestro papel político, podemos influir en la realidad a través de nuestro consumo. El consumo, a quien compramos, es una herramienta de poder económico, político y social de gran magnitud. Hagamos uso de ella con consciencia.

Seguramente un artículo como este levante suspicacias entre los cinco o seis lectores o lectoras que habéis llegado hasta él. ¿Pertenezco yo a una de esas cooperativas de productores de aceite de oliva ahogadas por la presión de las distribuidoras y pretendo convenceros por ello de que compréis el alimento que producimos? La respuesta es no. Simplemente, tras muchos años adorando el aceite de oliva y pensando un poco sobre ello, estas son las ideas a las que he llegado. Me parece que el aceite de oliva virgen extra está poco valorado en parte por estar tan presente en nuestras vidas a un precio bajo. Pongámoslo en su lugar, seamos conscientes de la maravilla que tenemos a nuestra disposición y permitámonos el lujo de apoyar a las cooperativas que llevan decenios ofreciéndonoslo.

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Un comentario a Precio del aceite de oliva

  1. ramon dijo:

    Totalmente de acuerdo con este articulo, si comparamos el precio del aceite con otro producto como el vino, es sencillamente irrisorio. Por el mismo precio de una botella de vino de calidad media (20 €) podemos tener los mejores aceites para que mejore en gran medida el sabor y salud de nuestras comidas (ensaladas, menestras, desayunos, carnes, postres…) durante un par de semanas, cuando el consumo del vino apenas podremos disfrutarlo durante una comida o dos.

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